Agricultura

¿Quién gana y quién pierde con el aceite de oliva?

17/01/2024

Sin duda, los precios en niveles récord que ha alcanzado el aceite de oliva durante estas dos últimas campañas, la pasada 2022/23 y la actual 2023/24, es una de las noticias más relevantes del actual panorama agroalimentario. La raíz de esta compleja situación está en la combinación entre un drástico recorte de las cosechas de aceituna para almazara por la sequía y la falta de disponibilidad de agua para regadío, y un incremento inflacionista de los costes de producción que, a duras penas, se han podido trasladar a lo largo de los eslabones de la cadena de valor agroalimentaria.

En otros sectores productivos, una escasa oferta disponible se ha paliado con importaciones y el ejemplo más claro lo tenemos en el sector cerealista, donde a pesar de una muy mala cosecha nacional en la campaña de comercialización 2023/24, que debería haber tirado para arriba de los precios en origen, la realidad es que estos se encuentran en niveles que, unido al muy bajo volumen de cosecha, apenas cubren costes de producción, como consecuencia de la abundante disponibilidad de grano en el entorno europeo y mundial.

En el sector oleícola, en cambio, España es el primer productor mundial, al concentrar entre un 30% y algo más del 40% del volumen total de producción de aceite de oliva, y entre el 50-70%, según campañas, del volumen de la Unión Europea, con una media de 1,45 millones de toneladas entre 2018/19 y 2021/22, siendo el récord de 1,79 millones en la primera y llegando a casi 1,5 millones en la última, frente a una media de producción mundial de casi 3,5 millones de toneladas en esas campañas. 

La sequía padecida en el olivar en las dos últimas campañas quebró esta situación. En 2022/23 se alcanzaron apenas 666.000 toneladas de producción de aceite de oliva y en la actual 2023/24 la previsión es de unas 750.000-760.000 toneladas, un 15% más que en la anterior, pero la mitad de su potencial medio productivo. Este volumen en la campaña 2022/23 representó apenas un 26% de la producción mundial oleícola y un 48% de la europea y, según la previsión para la actual 2023/24, será algo más del 32% de la mundial y del 54% de la europea, respectivamente.

Las importaciones desde otros países de la UE (Portugal, principalmente y en mucha menor medida de Italia y Grecia) y de países terceros (Túnez, Marruecos, Turquía, Argentina…) han superado de media las 200.000 toneladas en las últimas campañas, pero solo han contribuido a paliar una pequeña parte del déficit de oferta para atender las necesidades de la demanda interior y del mercado exportador, pero no para frenar el incremento de los precios de venta de aceite de oliva en origen y destino.

Por tanto, ¿están justificados estos elevados precios del aceite de oliva? Sin duda que sí, aunque nos parezcan desorbitados y pueda pensarse que algunos se han beneficiado (o especulado) más de la cuenta de un “momentum”, que no parece haber cambiado en este inicio del año, con PVP que han sobrepasado con creces los 10 €/litro en destino, principalmente en las marcas de fabricante, y está a punto de hacerlo en las marcas de la distribución.

Precios altos, ¿sin beneficiarios?

Estos precios tan elevados del aceite de oliva, ¿suponen un incremento de los beneficios para el sector productor o para el resto de la cadena? A nivel macro y en líneas generales, no; a nivel micro o particular, cada cual hace sus cuentas y conoce sus resultados. A unos les puede estar yendo mejor si han logrado, con regadío, mantener o incrementar su volumen de cosecha y/o producción, a otros, en cambio, mucho peor si su cultivo está en secano y ha tenido que hacer frente a los costes fijos con rendimientos productivos muy bajos.

Por su parte, industriales envasadores y comercializadores en el mercado interno o en el exterior habrán tenido que ajustar márgenes al máximo en su negociación con las cadenas de distribución, soportando también unos mayores costes de producción, sobre todo por el alto precio del aceite de oliva como materia prima.

Por lo general, la distribución habrá intentado contener sus márgenes, pero sin que se haya frenado apenas a la hora de subir los PVP al consumidor, a pesar de que eso suponía vender menos en volumen. La reducción del IVA, decretada por el Gobierno, del 10% al 5% y ahora prorrogada hasta mitad de 2024, y la que aún no ha entrado en vigor del 5% al 0%, apenas se notará unos céntimos por litro en los PVP al consumidor.

Los altos precios del aceite de oliva, ¿tienen consecuencias ya sobre la evolución de su consumo? Sí, puede hacer que muchos consumidores deserten de consumir esta grasa vegetal tan apreciada si el mercado continúa en tensión, aunque todo dependerá también de la coyuntura económica. La demanda del consumo interno está bajando ya sobre la media de las cuatro últimas campañas cerca de un 40% y la exportación recorta un 35%, niveles aún por debajo de lo han aumentado los precios, que más que se han doblado respecto a la media de las cuatro campañas anteriores y que se han encarecido por encima del 50% en las dos últimas.

¿Es sostenible esta evolución del mercado en el tiempo? No, a medio plazo lo ideal sería encontrar un término medio, un mayor equilibrio entre lo que se oferta y lo que se demanda, con precios que sean remuneradores para todos los eslabones de la cadena de valor, pero que no espanten a los consumidores o a los mercados exteriores que tanto ha costado conquistar.
Aunque en esta compleja situación pueden existir agentes u operadores que, a título particular, se beneficien o que, al menos mantengan sus márgenes, en términos generales ningún eslabón de la cadena de valor gana (o gana menos de lo previsto), sino que todos ellos pierden (pero unos pierden más que otros).